• Patricia Megías García

La trampa de "si me caigo, me levanto"

Desde terapias contextuales como la Terapia de Aceptación y Compromiso se ha definido la evitación experiencial como el conjunto de estrategias que una persona lleva a cabo para no ponerse en contacto con sensaciones, emociones y pensamientos (incluidos recuerdos) que ocurren en su experiencia privada; y que generan malestar. Desde las terapias humanistas como la Terapia Gestalt, esto se lleva a cabo a través de los conocidos mecanismos de defensa; de manera que uno se queda “a salvo” de lo que está viviendo, al menos momentáneamente.

Y en muchas ocasiones, ante una vivencia que genera malestar o que puede ser dolorosa, nuestra cultura y, por ende, nosotros mismos, tenemos todo un ejército de mensajes para evitar lo que está aconteciendo: Hay que seguir adelante, Hay que ser fuerte… Si me caigo, me levanto. Y así salir “victoriosos” de un dolor que hemos etiquetado como enemigo.

Lo que ocurre es que en muchas ocasiones el remedio es peor que la enfermedad. El dolor o el malestar no han venido a molestar, sino como experiencias necesarias para que se produzca un aprendizaje, una maduración de la persona que experimenta.

Si forzamos el “seguir adelante” queremos escapar de alguna experiencia interna que nos resulta insoportable, y por suerte o desgracia, no se va a ir a ninguna parte. Entonces, ¿cuánta distancia hay que poner con uno mismo para evitar la propia experiencia?

Para entrar en contacto es necesario afrontar lo que acontece:

Parar, reconocer, experimentar y aceptar las sensaciones, emociones y pensamientos que han sido suprimidos. Esta toma de consciencia es de por sí terapéutica porque frena la evitación experiencial, disminuye el malestar y la creencia de que dichas sensaciones, emociones y pensamientos eran insoportables.

Cuando yo misma comprendí esto a nivel personal, escribí estas palabras para poder calmarme y sostener la experiencia angustiante por la que estaba transitando:

Si me caigo, espero.

En la bajada a lo soterrado tengo un apoyo en el suelo.

Miro.

Soy una cortina de humo, tras de mí, soy un bloque seco y quieto.

Algún sentido tendré.

Si me caigo ya tendré, abriré, tiempo para levantarme.

O no.

¿A dónde voy allí arriba? Aquí, en mi bajeza, estoy mucho mejor.

Soy aire, pero no soy castillo en el aire.

Solo soy aire.

Y al atravesar las sensaciones, emociones y pensamientos antes evitados, uno puede recoger el fruto de la experiencia. Entonces levantarse ya no es un acto defensivo, sino un acto nutrido de aprendizaje.

#evitaciónexperiencial

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