• Laura Rodríguez Pérez

La importancia de saber regar nuestro jardín.

Alicia tenía un enorme jardín en la parte trasera de su casa, en el cual había hortensias, tulipanes, rosas, girasoles, lirios, amapolas, y muchas otras flores. Alicia adoraba su jardín y sus flores, pero últimamente lo tenía un poco descuidado, se pasaba el día en otras cosas y no solía acordarse de regar sus plantas y, cuando lo hacía, no prestaba mucha atención a observar cómo estaba cada planta y qué agua o cuidado necesitaba cada una de ellas. Incluso algunas veces, mientras trataba de arreglar su jardín, se asomaba por encima de la verja y se ponía a observar los jardines de los vecinos, olvidándose de nuevo del suyo propio.

Un día, Alicia estaba sentada en los escalones de la parte de atrás de su casa que dan al jardín. Se limitaba simplemente a observar su jardín y pensar por qué estaba así, qué estaba haciendo mal. Se sentía muy triste por ver como las flores estaban empezando a marchitarse.

Mientras estaba ahí sentada se acercó un pequeño conejo blanco. Alicia quedó fascinada. Era la primera vez que veía un conejo en su jardín. Lo miraba con admiración. Entonces, el conejo decidió acercarse hasta ella.


- ¿Por qué estás triste Alicia? –le preguntó el conejo.

Alicia no daba crédito de lo que acababa de pasar, ¿le estaba hablando el conejo? Recordó que no era la primera vez que soñaba que hablaba con animales, así que pensó que sería un sueño más y sin hacerse más preguntas decidió hablar con él.

- Estoy un poco triste porque las flores de mi jardín se están empezando a marchitar y no entiendo qué ha podido pasar –le contestó Alicia.

- Creo que yo sí sé lo que ha podido pasar –le dijo el conejo.

La expresión de asombro en la cara de Alicia se volvió aún mayor si cabía.

- ¿Ves las hortensias que te regalaron tus padres? –empezó a decirle el conejo- la última vez que las regaste fue el mes pasado, el día en que fuiste a comer a su casa. ¿Recuerdas los tulipanes amarillos que te regalaron tus amigas por tu cumpleaños? Solo los riegas los fines de semana.

- Entiendo… -contestó Alicia-, creo que debería regarlas más…

- Sin embargo, fíjate en los lirios, tienes una macetita igual en el trabajo, la estás regando todos los días e incluso algunos días las riegas varias veces, no necesitan tanta agua…

- No me había dado cuenta –dijo Alicia-, pero lo que más me preocupa son los girasoles, son los que peor se ven, no sé qué hacer.

- ¿Te acuerdas que los girasoles te los regalaste a ti misma cuando te mudaste aquí? Siempre ha sido tu flor favorita y sin embargo es a la que menos atención le das. Simplemente tienes que darle lo que necesite.

- Ahora lo entiendo –contestó Alicia después de pensar un rato-, al igual que no es bueno que le dé menos agua de la que necesitan, es malo darle agua de más. Hay que darle a cada flor el agua que necesite, ni más ni menos.

- Exacto. Pero eso no es todo –contestó el conejo-, muchas veces vas al pozo a por un par de cubetas de agua para regar las flores. Es algo que para ti requiere un gran esfuerzo porque el pozo está algo lejos y los cubos son algo pesados. Pero en el camino de vuelta a casa, cuando te cruzas con tu vecino, decides darle a él los cubos después de todo tu esfuerzo y al final no riegas tus flores. Sin ni siquiera saber si tu vecino realmente necesitaba esa agua o si la quería.

- Le estoy quitando agua a mis platas para dársela a las de otros -dijo Alicia en un tono bastante reflexivo y con una cara bastante triste.

- Alicia quiero que mires tu jardín, -le dijo el conejo-, no está destrozado ni con todas las plantas marchitas, solo algo descuidado, es algo que nos pasa a veces. Solo presta atención a lo que te pide cada flor, conoces tu jardín, tú sabes qué necesita cada una.


¿Y tú? ¿Cómo estás regando tu jardín?


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